20 de diciembre de 2016

Big data

Big data es un concepto informático relacionado con el manejo de grandes cantidades de datos. En nuestra sociedad de la información los seres humanos estamos constantemente generando y almacenando información, con distintos orígenes, formatos y estructuras. Desde hace décadas, todo tipo de organizaciones, empresas y administraciones manejan bases de datos de las que extraen información sobre sus clientes y sus administrados, o sea, sobre nosotros.

Los ciudadanos que no estamos afectados por la brecha digital tenemos más de un aparato (smartphone, tablet, ordenador portátil) para conectarnos a Internet, buscar información, actuar en redes sociales, rellenar formularios, hacer compras, etc. El ritmo de crecimiento de esta cantidad de información que generamos cada día está aumentando notablemente y cada vez más hacen falta herramientas, algoritmos y metodologías más potentes, capaces de extraer información de valor casi en tiempo real.

La generación y almacenamiento de datos sobre consumo existe desde el comienzo de la tecnologías de información y comunicaciones (TIC), inicialmente con la retirada de dinero en cajeros automáticos, el pago mediante tarjeta de crédito o las reposiciones de almacenes mediante códigos de barras.

En muchas transacciones digitales se genera una información que queda registrada por parte del banco, de la entidad emisora de la tarjeta, o del comercio que vende, pero fuera del alcance del consumidor. Además, a través de las tarjetas de fidelización, los comercios o cadenas de comercios llegan a saber todo sobre nuestras pautas de consumo (qué compramos, dónde compramos, cuándo compramos, cómo pagamos)


Todo este flujo de datos se ha multiplicado en 10 años desde la generalización de Internet. Cada vez que visitamos una página web nuestras andanzas digitales quedan registradas en las molestas cookies. En las compras por Internet (portales de consumo), se asocia nuestra cuenta de correo electrónico a nuestra tarjeta de crédito. Es frecuente tener que rellenar formularios para acceder a contenidos. Nuestros perfiles en redes sociales se asocia nuestra cuenta de correo electrónico con nuestra lista de contactos y con los contenidos intercambiados. Y nuestros smartphones, con los que cada vez hacemos más compras, asocian una tarjeta SIM, nuestra ubicación física (GPS), nuestro número de teléfono, nuestra lista de contactos y nuestra cuenta de correo electrónico. 

Además de estos datos generados por nosotros mismos existen muchos otros datos relacionados con nosotros mismos que son generados por máquinas (imágenes de video grabadas en las calles, ubicación del GPS, señales de telefonía móvil).

Todo esto genera cada día millones de big data, de datos masivos, dispersos y sin aparentemente sin valor, pero si estos datos se analizan y organizan según una estructura de interés para los vendedores pueden llegar a ser un importante activo comercial que les permite segmentar a sus clientes clientes.

El concepto big data se define por 3 variables que empiezan por v (volumen, variedad y velocidad de los datos), a las que en ocasiones se añaden 2 v más (veracidad y valor de los datos). Su propósito es convertir datos en información más o menos estructurada y filtrada que facilite (a quien la tiene) la toma de decisiones, en general sobre su oferta comercial extraer valor de estos datos para conocer mejor a los clientes, analizar el pasado y hacer predicciones de futuro. 

Muchas veces nos graban "por seguridad" las conversaciones telefónicas que mantenemos con nuestro banco o empresa de telecomunicaciones. Pero la grabación nunca está en nuestro poder. Es una demostración de la asimetría existente en la privacidad de los datos ¿Quién es el propietario de esa información sobre nosotros y nuestro consumo? En una entrada anterior sobre los contadores inteligentes se exponía otro ejemplo flagrante de asimetría.

Los usuarios de esta información estructurada son entidades financieras (aseguradoras, crédito), administraciones públicas (gobiernos, hacienda, fraude, educación, sanidad, seguridad ciudadana, tráfico) o empresas (fabricantes, distribuidores, energía, comunicaciones).

El big data no es una moda informática más, ya que este análisis y comercio de información personal puede plantear cuestiones éticas sobre confidencialidad, transparencia o discriminación. Como ciudadanos, como consumidores y como votantes debemos ser conscientes de que el big data es la información que todos (empresas y administraciones) quieren tener sobre nosotros, de que constantemente vamos dejando pistas y de que nada cae en saco roto y que nuestra promiscuidad en facilitar datos puede ser utilizada para insistir en pesadas propuestas comerciales personalizadas que -sin haberlas solicitado- nos llegan vía teléfono y/o mensajes y/o correo electrónico.

Para llegar a esto hace falta interpretar, ser capaces de extraer conclusiones a partir de esta marea de datos. Esto está dando pie a nuevas profesiones emergentes como científico de datos. Para esta profesión de futuro hace falta saber de informática, de psicología y de sociología, conocer bien el negocio y, sobre todo, saber hacerse las preguntas adecuadas

Solo dentro del concepto de big data es posible comprender el valor económico de aplicaciones como WhatsApp, comprada por una millonada por una red social. El poder y el valor de empresas como Google (la que aloja los contenidos de este blog) radica en obtener millones datos, procesarlos y usar o vender esta información estructurada, con fines comerciales, al margen de los intereses de los ciudadanos.

1 de diciembre de 2016

Propuestas para un mercado común eléctrico

Una de las carencias de la Unión Europea (libre circulación de personas y bienes) es la falta de un mercado eléctrico único para toda la UE. La existencia de 20 mercados eléctricos nacionales es un claro despilfarro. Tras décadas de retraso, una de las 10 prioridades del actual equipo de gobierno de la Comisión Europea es la Unión de la Energía, un mercado más integrado, interconectado y seguro.

Tras publicar hace un año el nuevo paquete de economía circular, con objetivos fijados para el año 2030 y tras el acuerdo de París (Diciembre de 2015) para frenar el calentamiento global, que confirmó este planteamiento, la Comisión Europea ha dado a conocer las directrices propuestas para la transición del mercado eléctrico en la UE. La descarbonización de la economía de la UE -que se ha propuesto reducir sus emisiones de CO2 en un 40% hasta 2030- pasa necesariamente por una reforma del mercado eléctrico.

Los objetivos ya fijados para 2020 se complementan con nuevos objetivos para 2030. El % de la energía renovable sobre el total de la energía eléctrica consumida en la UE fue del 16% en 2014, el objetivo para 2020 es del 20 % y para 2030 es del 27%, en línea con los objetivos del Acuerdo de París.

Esta revisión pretende volver a situar a la UE en el primer plano de las energías limpias y contempla un futuro mercado eléctrico con mayor proporción de energías renovables (intermitentes en el caso de la energía solar y eólica), con nuevas tecnologías de gestión eléctrica (contadores y redes inteligentes), con una mayor electrificación de la sociedad (con el despegue del vehículo eléctrico), con una mayor participación de los consumidores y con nuevos agentes, como los agregadores de demanda.

Para ordenar el desarrollo de las energías renovables se pasa de incentivo basado en primas a la producción eléctrica a un mecanismo de subastas competitivas, de forma que se llevarán a cabo los proyectos capaces de ofertar los precios más competitivos (el mejor postor).

Otra de las novedades es que las centrales de energías renovables pierden la prioridad en la inyección a la red eléctrica que hasta ahora tenían frente a las centrales de energías renovables. 

Una de los desarrollos clave en este futuro mercado con un gran peso de la generación eólica y solar es el almacenamiento de energía eléctrica (baterías y otros desarrollos), que va a permitir superar la histórica limitación de tener que adaptar la oferta a la demanda eléctrica.

Con objeto de fomentar la competencia, la próxima normativa no va a permitir -salvo contadas excepciones- que las empresas de transporte y distribución de electricidad (actividades reguladas) estén presentes en la actividad del almacenamiento de energía eléctrica. Ni tampoco va a permitir a las distribuidoras la actividad de recarga de vehículos eléctricos. 

Y en línea con este aumento de la competencia se pretende impulsar la actividad de los agregadores de demanda, una empresas intermediarias que gestionan la demanda de numerosos consumidores eléctricos y a la vez prestan servicios auxiliares al mercado eléctrico.

También se fomenta que los ciudadanos puedan generar, almacenar, consumir y vender su propia energía eléctrica renovable, a fin de abaratar la factura eléctrica en los hogares. 

En relación con la eficiencia energética los objetivos vinculantes para 2020 son de una mejora del 20% y para 2030 del 30%. La gran apuesta para ello es la adaptación y rehabilitación del parque edificatorio existente, un potente yacimiento de empleo. También se pone el foco en la descarbonización de las instalaciones de climatización, con una clara apuesta por el fomento de las energías renovables para la calefacción o refrigeración de edificios.

En total se preve movilizar anualmente del orden de 177.000 M€/a de inversión pública y privada a partir de 2021, generar hasta el 1% del PIB en la próxima década y crear unos 900.000 puestos de trabajo.

Estas medidas ponen en entredicho los parches normativos vigentes en España, dictados según los intereses de las compañías eléctricas, que se recogen en el controvertido RD que torpedea el autoconsumo eléctrico. 

Las propuestas se completan con un plan de refuerzo de las interconexiones eléctricas y gasistas.


Estas propuestas aún deben ser validadas por el Consejo y el Parlamento Europeos, por lo que aún queda un recorrido importante. Si finalmente sale como apunta no pinta mal, aunque aún se mantienen viejos tics del siglo XX, como mantener las subvenciones a los combustibles fósiles (pagos por capacidad a las centrales basadas en gas natural, siempre que se mejore un determinado ratio de emisiones de CO2 por kWh).


21 de noviembre de 2016

Viernes negro

Nos acercamos al último viernes de Noviembre y con ello a la gran orgía consumista de compras previas a las Navidades, cuyo detonante es el viernes negro (black Friday). 

No cabe duda de la gran influencia de todo tipo que ejercen los EEUU sobre el resto del mundo. EEUU es una nación joven, con menos de 250 años de existencia como país independiente, que hace 150 años combatía y colonizaba a los indios nativos y que desde hace 100 años es -nos guste o no- la primera potencia mundial.

Un país con tan poca historia, comparando con la vieja Europa, vive aferrado a sus escasas tradiciones. Su calendario refleja algunas tradiciones agrícolas de hace más de 2 siglos. Por ejemplo, la fecha de las elecciones presidenciales es el primer martes después del primer lunes de Noviembre, para dar tiempo a colonos desplazados a trabajar en la cosecha a regresar a su base electoral (inicialmente tan solo podían votar los propietarios de tierras).

En el siglo XX los estadounidenses rescataron a Europa en las dos guerras mundiales y desde entonces ejercen el liderazgo de la economía planetaria. Tras la segunda guerra mundial el país multicultural asentó su economía capitalista productiva, y apostó por incentivar el consumo, desarrollando la disciplina del marketing. A España los EEUU le sacaron de la autarquía económica franquista a cambio de instalar sus bases militares (y de paso colonizar nuestras mentes). Desde entonces, hace casi 60 años se tiene una relación de muy dispar en la sociedad española hacia todo lo estadounidense.

Además de su liderazgo en lo económico y en lo político, EEUU ejerce desde hace décadas una gran influencia cultural en toda Europa, difundiendo las bondades del american way of life por medio del cine, la música folk, el jazz, el rock&roll, la música pop, los hippies, la coca-cola, las hamburguesas y demás comida basura, la informática y el software (con los gigantes Microsoft, Apple, Google, etc), Silicon Valley y otras modas.

Hasta hace un par de décadas había en España una cierta resistencia sociológica hasta adaptar fenómenos novedosos llegados desde otras culturas. La prueba es que en la España finisecular la adopción de Internet tardó del orden de 10 años. Sin embargo, desde la generalización de lo digital los nuevos fenómenos penetran y calan con mucha mayor velocidad. Uno de los efectos de la globalización es la generalización de costumbres y la importación de hábitos novedosos, sobre todo en cuanto a consumo (marketing). En España se siguen con gran intensidad algunas modas llegadas de fuera (Santa Claus, Halloween, Black Friday) sin conocer los por qués.

El calendario estadounidense es muy “tradicional” y enlaza una fecha de celebraciones familiares. Así, el cuarto jueves de Noviembre celebran el día de acción de gracias (Thanksgiving day), un fiesta secular donde las familias viajan y se reúnen en celebraciones de origen religioso para agradecer las cosechas obtenidas -aunque ahora se agradece el hecho de haberse podido reunir todo el grupo familiar un año más-. A esta fecha (jueves) se le ha añadido desde hace unas décadas otra fecha (viernes) dedicada a las compras navideñas. Con toda la familia reunida, en un viernes que se suele tomar como puente festivo, puede tener sentido un arrebato consumista en el país del consumismo. 

Este culto se realza por ejemplo mediante grandes desfiles en Nueva York, organizados por una famosa cadena de grandes almacenes. Con grandes descuentos para dar comienzo a la campaña de consumismo navideño, esta gran locura consumista del viernes negro, con unas ventas de 4.500 millones de dólares en los EEUU y de 2.000 millones de libras en el Reino Unido es, desde hace más de 10 años, el día de más volumen de compras en todo el año. 

En la Europa continental las compras navideñas empezaban en Diciembre, dependiendo del calendario, y duraban unas dos semanas antes de las Navidades. Tiene su lógica que empresas estadounidenses (Amazon, Apple) traten de vendernos sus formatos de consumo; lo que no tiene tanta lógica es que se los compremos con tanta facilidad.

En España esta moda importada que llegó en 2012 de la mano empresas de compra por Internet, no tiene los espectaculares descuentos ofrecidos en los EEUU, pero sí tiene más duración, ya que el viernes negro (compras compulsivas físicas en grandes superficies y franquicias) va seguido del lunes cibernético (compras compulsivas por Internet), con un fin de semana híbrido de compras compulsivas físicas y digitales por medio 

Es muy posible que parte del éxito de este fenómeno se deba a la situación de consumo refrenado en una gran parte de la población debido a la crisis económica. Es evidente que las empresas que promueven esta orgía ganan dinero con ella, por su economía de escala, y que el impulso para la compra masiva es la sensación de ahorro. ¿Y por qué ganan dinero los comercios ofreciendo estos descuentos tan llamativos? Porque consiguen prolongar la campaña de compras navideñas. Hay estudios que muestran que solo un tercio de estas compras del viernes negro corresponden a un adelanto del consumo navideño, por lo que dos tercios de estas compras suponen nuevo consumo. Así que el viernes negro no elimina el resto de compras navideñas, sino que es un consumismo adicional al ya desenfrenado consumismo navideño. Nos lanzamos a comprar porque “toca”: nos lo han vendido y se lo hemos comprado. En 2015 se gastaron en España 1.200 millones de euros, sobre todo en artículos de moda y electrónica de consumo. España (con un desempleo de más del 20%) es, tras el Reino Unido, el país europeo con mayor volumen de ventas en el viernes negro.


A ver cuánto tardamos en adoptar el día de acción de gracias estadounidense, no para agradecer la cosecha obtenida ni el poder reunir a toda la familia, sino para ir de compras con las tripas llenas de pavo.

La moda del viernes negro supone además una nueva vuelta de tuerca al pequeño comercio de barrio, que también espera mejorar su negocio con las ventas navideñas. Como reacción al viernes negro, el viernes previo, el tercer viernes de Noviembre, ha sido declarado día sin compras. 

Puede que haya dudas sobre si el nombre de viernes negro se debe a que las cuentas de los comercios pasan de estar en números rojos (pérdidas) a estar en números negros (beneficios), o bien a la denominación de la policía de Filadelfia debido a los atascos de tráfico en los alrededores de los centros comerciales el día siguiente al de acción de gracias. Lo que no ofrece dudas es que esta nueva moda será un viernes negro para los contenedores y vertederos, que se llenarán de textiles y de aparatos electrónicos en perfecto estado de uso, descartados por el sinsentido de las ofertas irresistibles.

Como reacción a este despropósito han surgido algunas iniciativas muy interesantes. En Bilbao se ha creado el Fair Saturday, donde grupos de artistas de distintos géneros ofrecen sus actuaciones a los ciudadanos, cobrando un precio simbólico que se destina a proyectos sociales. En sus pocos años de vida esta idea se está extendiendo por muchas otras ciudades. Que cunda el ejemplo. 

2 de noviembre de 2016

Ciudadanos y sostenibilidad

Llevamos toda una generación oyendo hablar de sostenibilidad, desde hace casi 30 años a raíz del informe Bruntland. En boca de algunos dirigentes políticos se ha abusado del uso de este término (con un gran empacho durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en España) y en general la ciudadanía lo vemos como algo abstracto y no tenemos una idea muy centrada del significado concreto del concepto de sostenibilidad.

Resumiendo, la idea de desarrollo sostenible es todo el conjunto de actuaciones que nos permitan desarrollarnos hacia un futuro en condiciones, en el que seamos capaces de convivir en armonía con los sistemas naturales y con los sistemas humanos.

Los ciudadanos tenemos en nuestras manos definir nuestro estilo de vida y decidir pasar a ser dueños de nuestra propia existencia, de nuestro futuro común. Para ello resulta clave la idea de la participación ciudadana y de tomar decisiones colectivamente, ya que si estas decisiones las toman otros (políticos, lobbys empresariales) serán nuestros hijos quienes paguen las consecuencias.

Es evidente que los dirigentes políticos,a todos los niveles, podrían hacer más cosas pero, en general, sus actuaciones están mediatizadas por la idea del poder, por lo que la idea de servicio público está relegada. Los políticos no dejan de ser ciudadanos que temporalmente ejercen un cargo público, desde el cual deben definir el futuro de la mano de los ciudadanos.

Una forma telegráfica de trasladar a la ciudadanía la idea de la sostenibilidad es que nuestro planeta, el único que tenemos, está en una situación con muchos límites marcados, cuya consecuencia se puede sintetizar en:

- Que la atmósfera se está viendo alterada, por lo que o actuamos o el clima cambia
- Que muchos recursos que nos da la naturaleza se están agotando

Estos límites están expuestos, entre otros muchos científicos, por la economista británica Kate Raworth, autora del modelo del donut de los límites planetarios, por lo que o frenamos y nos reorganizamos o llegamos a una situación irreversible al agotar los sistemas naturales que nos dan soporte.


Para ser ciudadanos sostenibles tenemos que cambiar nuestra conducta consumista compulsivos para que se regeneren los sistemas naturales y cambiar nuestra conducta individualista para que se regeneren los sistemas humanos. Las tres patas del concepto de sostenibilidad son la medioambiental (que tiene que ver con los sistemas naturales), la social (que tiene que ver con los sistemas humanos) y la económica (que tiene que ver con ambos). 

La esperanza está en que seamos capaces de cambiar el chip colectivamente, en que tomemos partido mediante una acción ciudadana que nos permita ser dueños de nuestra propia existencia. Existen tres ámbitos en los cuales la reducción de su impacto sí está en manos de la ciudadanía, y son nuestras pautas de consumo en cuanto a alimentación, a uso de viviendas y a transporte privado. Si este esfuerzo ciudadano llega a generalizarse se podrán conseguir grandes avances en pocos años, antes de llegar a situaciones irreversibles. De no ser así estaríamos abocados al abismo.