Mostrando entradas con la etiqueta Edificación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edificación. Mostrar todas las entradas

1 de mayo de 2018

Examen de conciencia del sector de la edificación

La construcción es un sector de gran relevancia económica en cualquier país, suponiendo en torno al  10 % en cuanto a PIB y a creación de empleo. También es un sector con una gran incidencia en el consumo de recursos y en la generación de residuos. Y es además un sector muy poco dinámico, muy poco innovador y muy poco digital. El parque edificatorio español es muy extenso, está vivo y ha sido históricamente uno de los motores económicos en muchas regiones de España.

El sector inmobiliario y de edificación debe hacer un examen de conciencia. En un mundo que cambia tan rápidamente, un sector económico que históricamente ha estado fragmentado y ha sido lento en adaptarse ante cambios debe encontrar la forma de romper el molde y abordar cambios relevantes. Estos cambios deben tener lugar en distintos frentes: el cambio climático, el uso eficiente de recursos, la naturaleza y la biodiversidad, la salud y el bienestar y el impacto socioeconómico.

El parque edificatorio es responsable directo del 22% de la huella de carbono, cifra que sube hasta más del 40% si se incluyen las emisiones del transporte por carretera y por ferrocarril, así como la energía eléctrica empleada en cocinas y en consumos eléctricos en los edificios.

Las pautas de consumo en calefacción y aire acondicionado en los edificios tienen una gran influencia en  los consumos de energía y en la emisiones de GEI de los edificios. En los últimos años se han lanzado sellos y certificaciones de calidad energética y medioambiental de edificios, pero no en España han calado en la ciudadanía. Sin embargo en muchos países europeos este es un criterio más para la ciudadanía, a tener en cuenta junto con la ubicación, la superficie o el precio de su vivienda.

Cada vez hay más empresas promotoras y constructoras que adoptan estrategias de reducción de sus emisiones de GEI, en un esfuerzo para mitigar el cambio climático. Sin embargo estos objetivos son muy variopintos, oscilando significativamente entre organizaciones y subsectores. Muy pocas empresas se están esforzando en ser neutras o positivas en emisiones de GEI y prácticamente ninguna se ha autoimpuesto objetivos basados en aspectos científicos.

La construcción es uno de los principales sectores en cuanto a consumo de materiales y genera más residuos que cualquier otro sector. De estos RCD se recicla o reutiliza una pequeña fracción. En Europa algunas empresas del sector están empezando a considerar cómo podrían extraer valor de los materiales y los recursos durante el mayor tiempo posible y cómo recuperarlos tras la deconstrucción de los edificios (según modelos de economía circular), contribuyendo así a la reducción en la generación de residuos. Pero se trata de un asunto muy incipiente, que aún no ha prendido a lo largo de la cadena de suministro de la edificación.



La promoción inmobiliaria y la edificación tienen también un impacto significativo sobre los espacios naturales, las plantas y las especies. De hecho estamos viendo un resurgir de la preocupación por la naturaleza, tal como queda reflejado en el compromiso del gobierno británico de “ganancia ambiental neta” dentro de su plan medioambiental a 25 años. El capital natural en nuestras áreas urbanas nos aporta funciones importantes, como espacios verdes, sombra de los árboles y biodiversidad.

Afortunadamente invertir en estos asuntos lleva aparejado sus beneficios: mejora de la calidad atmosférica, secuestro de carbono, eliminación de las islas de calor y mejora del bienestar de la ciudadanía que usa estos espacios públicos. Los diseñadores y promotores más visionarios están empezando a poner a la naturaleza y a la biodiversidad en primera línea, puesto que han empezado a darse cuenta de los beneficios no solo ambientales, sino también económicos de priorizar (dar relevancia a) estos elementos. La creación de nuevos parques o zonas verdes genera beneficios económicos directos para las áreas de los alrededores, incluyendo la revalorización de la vivienda, la creación de empleo y un aumento de los ingresos del comercio de la zona.

La salud y el bienestar son temas que han ganado terreno rápidamente en el sector inmobiliario en algunos países europeos, sobre todo en edificios de oficinas, debido a la relación comprobada entre edificios sanos y empleados productivos. Las características físicas de nuestro parque edificatorio pueden contribuir directamente a la salud, bienestar y productividad de las personas. Las intervenciones en edificios (tanto en diseño como en explotación), centradas en la salud y el bienestar de sus ocupantes, pueden aportar beneficios en muy distintos sectores, incluyendo residencial, oficinas y terciario.

Por último la edificación, igual que todos los demás sectores económicos, no se puede permitir el lujo de pasar por alto el impacto socio-económico de sus actividades. Una promoción inmobiliaria exitosa debiera satisfacer las cambiantes (crecientes) necesidades y aspiraciones de los clientes, a la vez que ofrecer edificios y espacios que faciliten el que las comunidades de vecinos prosperen y proteger y mejorar el entorno natural. La mejor forma de conseguir esto es enfocándose en resultados concretos de valores sociales tales como trabajos, habilidades, empleo, salud, conectividad y diversidad, todos los cuales ayudarán a asegurar que el sector de la edificación hace una contribución positiva en la economía y en la sociedad a nivel macro.

Está claro que el futuro de este sector no puede ser una mera repetición de su pasado. Ya sea debido al mal estado de conservación de nuestro parque de edificios, a las limitaciones en cuanto a recursos, a la falta de capacidades y habilidades de los profesionales de la edificación o a presiones de la demanda ciudadana, la promoción inmobiliaria y la edificación necesitan un cambio de mentalidad para convertir estos retos en oportunidades y evitar mayores alteraciones. La innovación y la colaboración en cuanto a sostenibilidad pueden ayudar a cohesionar al sector para llegar a tener un mejor parque edificatorio.

Una aspiración razonable debiera ser que el desarrollo sostenible se haya convertido en un asunto internalizado por todos los profesionales del sector en un plazo de 10 años. Se atribuye a Miguel de Unamuno la afirmación de que “el progreso consiste en renovarse”, a la que siguió la frase hecha de “renovarse o morir”, que en este contexto resultaría muy apropiada para el sector de la edificación, por la necesidad de usar de forma generalizada las energías renovables en el parque edificatorio.

11 de enero de 2018

Ideas para una nueva política sobre vivienda

El derecho a una vivienda digna y adecuada aparece recogido como uno de los derechos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (artículo 25.1) y también en la Constitución Española de 1978 (artículo 47), que añade que los poderes públicos son los responsables de promover las condiciones necesarias y de establecer las normas adecuadas para hacer efectivo este derecho.

Si bien es cierto, durante muchos años en España la vivienda  ha pasado a ser un producto de mercado y una fuente de especulación e inversión. Los innumerables casos de ruinas de urbanizaciones y de otras infraestructuras abandonadas a medio construir son el reflejo de la gran transformación cultural y de modelo económico de los años 2007 a 2011.

Volviendo a la afirmación inicial “la vivienda es un derecho universal”, resulta preocupante el panorama post-burbuja inmobiliaria con el que se han encontrado muchos jóvenes: todo tipo de ofertas fraudulentas, alquileres caros (o muy caros) y condiciones de alquiler asfixiantes en el proceso de búsqueda de piso en prácticamente cualquier ciudad española.

En el caso de Barcelona, que tiene un total de casi 700.000 viviendas, tan solo el 1,7 % son viviendas de alquiler accesible? (datos de 2017). También en Barcelona se están pidiendo rentas de más de 500 € al mes por el alquiler de una habitación. Estos hechos no son más que la constatación de que desde tiempo la política sobre vivienda en España está planteada hacia objetivos equivocados. Ante esta situación la pregunta lógica es  ¿Qué podemos hacer para cambiar esto?

Una posibilidad es mirar alrededor y analizar lo que han hecho nuestros vecinos europeos. Si bien es cierto que en todos los Estados de la UE ha habido buenas y malas prácticas en materia de vivienda, conviene echar una mirada en concreto hacia aquellas ciudades o países que consideramos un modelo a imitar en cuanto a políticas de sostenibilidad.

En capitales como París o Londres para encontrar rentas asequibles es preciso olvidarse de localizaciones céntricas y conformarse con distritos periféricos o suburbanos, teniendo que pagar el peaje de horas y gastos de desplazamiento cada día. Este es un caso similar al de Madrid.

En otras capitales han desarrollado políticas innovadoras. Por ejemplo en Alemania, más proclive a la normativa, entró en vigor en2015 (no en todos sus Estados) una ley de freno al precio del alquiler (Mietpreisbremse). Esta ley está en vigor en Berlín, que se ha caracterizado por unos aumentos desorbitados en el precio de la vivienda en los últimos años, y limita el precio del alquiler por barrios o distritos, de forma que los propietarios de las viviendas no puedan cobrar como alquiler más del 10% por encima del precio medio fijado por metro cuadrado para ese distrito. El límite de precio se establece a partir de los datos de un observatorio estatal de alquiler. Aún es pronto para conocer la efectividad de esta limitación, pero es un caso a seguir con atención.

En el caso de Holanda, más proclive al consenso, se ha optado por reforzar el vínculo entre la administración municipal y la ciudadanía. En la capital holandesa, Amsterdam, el ayuntamiento es propietario del 80 % del suelo y la ciudad cuenta con un 33 % de su parque de viviendas a precio asequible. Para poder costear este parque de viviendas el ayuntamiento ha delegado algunas responsabilidades en asociaciones de vecinos, que se encargan de mantener y gestionar las viviendas en suelo público. 


Por medio de un mecanismo de derecho de uso del suelo (pago de un canon a 50 años, prorrogable) el ayuntamiento obtiene unos ingresos y las asociaciones de vecinos se financian a través de la autogestión de las viviendas. En 2015 más de 400 asociaciones de vecinos administraban en la capital holandesa casi 200.000 viviendas. Aparte de gestionar las viviendas ocupadas estas asociaciones de vecinos se encargan de buscar inquilinos para las viviendas no ocupadas y de fomentar la rehabilitación de los edificios vacíos.

El análisis de las diferentes políticas vigentes en el sector de la vivienda puede ofrecer mejoras en la problemática habitacional. Aun así, la solución debe pasar por potenciar la participación ciudadana en la toma de soluciones.

Sabemos lo que no ha funcionado, el modelo de promoción inmobiliaria a base de especulación y de componendas políticas, un juego al que se han prestado algunas administraciones y entidades financieras, a costa de mantener acogotada a la juventud.

En España existe una asociación que aglutina a más de 100 entidades públicas de vivienda y suelo, en torno a la cual habría que articular nuevas políticas. Ante los nuevos retos debemos buscar y aplicar nuevas soluciones, nuevas alternativas al sistema convencional de la vivienda en España. O, dicho en palabras de Albert Einstein “si queremos obtener distintos resultados no hagamos las mismas cosas de siempre”.

11 de diciembre de 2017

Tomando la naturaleza como referencia

En distintas entradas de este blog se ha comentado que los ciudadanos del mundo urbano vivimos de espaldas a la naturaleza. Este alejamiento ha hecho que acabemos viviendo en junglas de asfalto, diseñadas para que nos movamos en coche, sometidas a islas de calor y carentes de espacios públicos para poder vivir una vida social.

Por una parte esta desconexión con la naturaleza y con los ciclos naturales, esta vida entre cemento y nuestra comida de plástico es causa de muchas patologías. Pero además estamos desaprovechando la oportunidad de inspirarnos en la naturaleza, en la forma en que funcionan las plantas y otros seres vivos para mejorar la tecnología y el diseño de diversos productos. El medio que nos rodea, y del que tan alejados vivimos, tiene muchas respuestas que aún no hemos sido capaces de descubrir.

Los seres humanos somos por naturaleza creativos y tenemos iniciativas. Si viviésemos más en contacto con la naturaleza nos daríamos cuenta de la cantidad de cosas que los seres humanos podemos aprender de la naturaleza para mejorar el diseño de muchos productos tecnológicos. Los seres vivos han evolucionado y han aprendido qué es lo que funciona y qué es lo adecuado para la vida en el planeta. La naturaleza nunca deja de sorprendernos cuando nos acercamos a ella. Observando la naturaleza las seres humanos podríamos hacer un ejercicio de analogía entre los retos técnicos que tenemos entre manos y la forma en que funcionan tanto las plantas como otros seres vivos (pájaros, insectos) para emular mecanismos y procesos que vienen funcionando satisfactoriamente desde hace miles de millones de años.

Este es el objeto de la biomimesis, una disciplina que combina la biología, la tecnología y otros ámbitos de innovación para analizar y resolver problemas prácticos a través de la abstracción, la transferencia y la aplicación del conocimiento existente en los sistemas biológicos. Dicho simplemente, ajustándose a las leyes de la naturaleza.

Existen ejemplos conocidos desde hace décadas, como el método de fijación mediante cierre de gancho y bucle (felpa) Velcro, patentado en 1951 por el ingeniero suizo George de Mestral tras retirar de sus ropas y del pelo de su perro Milka semillas de arctium (bardana) y analizar cómo quedaban adheridas.

Más recientemente se han desarrollado diversas innovaciones basadas en estructuras biológicas y en procesos naturales con el propósito de mejorar lo que la especie humana ya había conseguido. Estas innovaciones abarcan muy diferentes aplicaciones. En energía cabe mencionar el diseño de álabes de turbinas eólicas inspirados en las aletas y en las jorobas de las ballenas y las algas ancladas en el fondo del mar que gracias a sus bulbos boyantes (flotantes) suben y bajan con las olas y corriente marinas para producir electricidad. 

En edificación ha habido interesantes aportaciones en materiales de construcción más ligeros y resistentes inspirados en los cráneos de los pájaros, en edificios inspirados en las madrigueras de termitas para mantener una temperatura constante y en edificios como el Centro Acuático Nacional de Pekín, con una estructura inspirada en las burbujas de jabón, que hacen que sea anti-sísmico, 


En ingeniería mecánica ha habido innovaciones en la aerodinámica de coches inspirada en peces, como el concept car Mercedes Bionic (2005) semejante al pez cofre amarillo y en la aerodinámica de los trenes de alta velocidad japoneses (Shinkasen) inspirada en el pico del martín pescador, que se mueve rápida y silenciosamente a través del aire y del agua.


Otras innovaciones interesantes son sistemas hidrofílicos de recogida de agua de las nieblas del amanecer o del rocío en zonas áridas inspirados en el escarabajo Stenocara (en los desiertos), el aprovechamiento al máximo de los reducidos espacios públicos urbanos para jardines urbanos inspirado en los nidos de abeja, jeringuillas hipodérmicas indoloras inspiradas en la trompa (probóscide) de los mosquitos, sistemas de aviso de tsunamis inspirados en la acústica (frecuencia modulada) de los delfines, trajes de baño inspirados en la “piel de tiburón” (rápidamente prohibidos en las competiciones de natación), una pintura especial para mantener limpias y frescas las superficies pintadas inspirada en la flor de loto, cuyas hojas están siempre limpias gracias a su superficie que repele las partículas y la suciedad, un adhesivo para encolar tablones de madera, inspirado en la mecánica de los pies de la salamanquesa (reptil capaz de andar por paredes y techos) o nuevas redes de distribución de agua y/o electricidad inspiradas en las venas de las hojas.

Como se ha visto, existen ejemplos increíbles de nuevos diseños elegantes y eficientes que marcan el camino. El futuro está en aprender de los mecanismos y procesos la naturaleza en vez de esquilmar los recursos de la naturaleza.

14 de abril de 2017

Nuevas ideas sobre economía circular en la edificación

El sector de la edificación ha sido poco consciente del gran impacto ambiental que supone el elevado consumo de recursos naturales. Algunos fabricantes de materiales de construcción se han centrado en considerar la reutilización y/o el reciclaje de sus distintos productos y solo unas pocas empresas pioneras han empezado a considerar cómo ser capaces de deconstruir (un término procedente de la filosofía) edificios y volver a reconstruirlos en otro lugar.

Estas interpretaciones no van en absoluto descaminadas; de hecho en determinadas circunstancias deconstruir un edificio y luego emplear componentes rehabilitados o refabricados en otro emplazamiento puede ser la alternativa más adecuada. Sin embargo, con esta vía el sector de la edificación se arriesgaría a crear una solución para un problema que no es el más importante que (todos) debemos resolver. Esto se debe a que los conceptos de economía circular encajan mejor con productos de grandes ventas y vida corta (electrónica de consumo).

Si diseñamos edificios para que duren 30 años con la intención de sustituirlos luego varias veces podríamos terminar usando más recursos que si hubiésemos diseñado un edificio adaptable capaz de durar de forma continuada durante 100 años o más. El problema real que debemos resolver es cómo diseñar, construir y mantener edificios sanos que sean capaces de acomodarse a las necesidades cambiantes de varias generaciones de ocupantes a lo largo de un siglo, y que a la vez se empleen el mínimo posible de recursos naturales.

Por tanto para el parque edificatorio construido es preciso hacer una interpretación de la economía circular con un planteamiento diferente a muchos de los modelos existentes que hemos diseñado para bienes de consumo. Este nuevo planteamiento debe incorporar como esenciales los principios de longevidad (durabilidad), calidad y adaptabilidad, y además fomentar la colaboración en toda la cadena de valor de forma que los edificios puedan mutar de un uso residencial a doméstico o viceversa, sin necesidad de demolición.

En esta línea el Comité de Sostenibilidad de la Asociación del Ladrillo británica ha descrito un modelo con “las cuatro bases de diseño” que facilitan la transición del parque edificatorio construido hacia la economía circular, tal como se muestra en la imagen siguiente.

Estas 4 bases de diseño ofrecen aplicaciones prácticas de los Principios 2 y 3 de la economía circular, tal como los ha definido la Fundación Ellen McArthur en 2015.

1) Diseño para la longevidad (durabilidad). Emplear componentes duraderos en tejados, suelos y paredes  y considerar al edificio de forma integral (construcción, uso, consumo) para optimizar sus características energéticas y ambientales.

2) Diseño para el servicio. Mejorar la experiencia del usuario (ocupante del edificio) en cuanto al uso de materiales de calidad, con poca necesidad de mantenimiento, no tóxicos y no alergénicos. El diseño, la distribución y los acabados del edificio debieran enfocarse al bienestar de sus ocupantes  y -en edificios de oficinas- a facilitar la productividad de los empleados que trabajan en su interior.

3) Diseño para la reutilización y la rehabilitación (a múltiples escalas). Poder actualizar o reparar los elementos fijos (muebles en la pared) así como renovar el mobiliario. La disposición del edificio debiera proporcionar espacios adaptables, permitiendo a sus ocupantes cambiar el uso de los espacios interiores (por ejemplo, de salón a dormitorio). Y a nivel macro el diseño de los edificios también debiera tener en mente posibles cambios de uso de todo el edificio (por ejemplo, de comercial a residencial)

4) Diseño para poder recuperar los materiales. Herramientas como BIM van a permitir a los propietarios (gestores de activos) prever planes de mantenimiento para equipos e instalaciones (como calderas o paneles solares) y también identificar a los fabricantes de los componentes originales para permitir su reparación en vez de su sustitución. En el caso de una demolición, BIM también proporciona a los contratistas una precisa lista de materiales de forma que se puedan fijar objetivos de recuperación y reutilización de componentes.

Esta visión de la economía circular establece que el edificio (residencial o comercial) es el producto final y que cada uno de los materiales de construcción  (ladrillos, bloques o tejas) son sus componentes. Esta distinción resulta clave para aplicar los conceptos de la economía circular como un planteamiento global, que invite a todos los agentes de la cadena de valor (promotores, arquitectos, constructores, propietarios, administración local) a considerar el impacto de su función para conservar o ampliar el valor de los componentes (y de los recursos naturales) dentro del edificio.

Además este nuevo modelo británico también tiene en cuenta que la toma de decisiones por los seres humanos tiene su influencia en la economía circular, hecho que no han tenido en cuenta muchas de las primeras consideraciones previas sobre edificación sostenible. Si los ocupantes de una vivienda están insatisfechos con su entorno resulta más probable que decidan cambiar sus muebles y equipamientos antes de que estos componentes alcancen el final de su vida útil. Por lo tanto, diseñar y construir un edificio de calidad que proporcione el bienestar a sus ocupantes va a ser un factor clase de éxito para lograr una economía circular en la edificación.

27 de febrero de 2017

Casas pasivas

El sector de la edificación ha funcionado durante muchos años al margen de la conciencia sobre el ahorro energético. Una vez construidas, las viviendas se venden, de forma que el propietario -quien disfruta (o sufre) la vivienda- tiene poco que hacer en cuanto a su diseño y construcción.

Además, nuestros hábitos poco maduros como consumidores hacen que el gasto en energía en las viviendas sea cada vez más alto. En entradas previas se ha comentado el despilfarro energético de la mayoría de nuestras viviendas.

Dentro de las últimas tendencias en arquitectura y ahorro energético están las casas pasivas, diseñadas para ahorrar. Los edificios pasivos (del alemán Passivhaus) son aquellos que cumplen un determinado concepto de diseño y construcción de viviendas, desarrollado por Bo Adamson (de la Universidad de Lund, Suecia) y Wolfgang Feist (del Instituto de Vivienda y Medio Ambiente IWU de Darmstadt) tras varios años de colaboración para poner en común estudio previos sobre construcciones tradicionales en lugares como Islandia o China y sobre los materiales de aislamiento, los espesores y las formas constructivas que permiten ahorrar energía aislando adecuadamente los edificios.

Las carencias energéticas de muchas vivencias se pueden resolver con grandes gastos en calefacción o con reformas en las que el ahorro energético esté entre los objetivos principales. Para no pasar frío en una casa, o nos gastamos un dineral en calefacción, o vivimos con el jersey puesto o “le ponemos el jersey a la vivienda”. 

La primera vivienda pasiva se la hizo construir Wolfgang Feist en Kranichstein, Darmstadt, Alemania, en 1991, al darse cuenta de las ventajas que obtendría. La reducción en demanda de calefacción fue tan notable que la compañía de energía fue a cambiarle el contador, al creer que estaba estropeado y leía de menos.


Este concepto (el Passivhaus standard) surgió en Alemania, cumple ahora 25 años y no implica el uso de un tipo de producto, de material o de estilo arquitectónico concreto, sino que busca la optimización de los recursos existentes por medio de técnicas pasivas, con énfasis en el aislamiento, la estanqueidad y la renovación de aire.

Estas viviendas consiguen reducir en un 75% las necesidades de energía para calefacción y refrigeración respecto a las de una vivienda que cumpla con lo exigido en el Código Técnico de la Edificación. Su diseño y construcción permiten que la poca energía que demanda se puede cubrir con facilidad a partir de energías renovables (placas solares, bombas de calor), convirtiéndose en una construcción con un coste energético muy bajo, tanto para el usuario como para el planeta.

El concepto pretende reducir al mínimo la transmitancia térmica, que es el flujo de calor por unidad de tiempo y de superficie. Los principios básicos del diseño y construcción de las casas pasiva son:

- Aislamiento térmico de la envolvente, con unas paredes exteriores, una cubierta y una solera de baja transmitancia térmica. Los espesores del aislamiento térmico dependerán de la zona climática donde se diseñe el edificio 
- Huecos (puertas y ventanas) de alta calidad, con carpinterías de baja transmitancia térmica y ventanas de doble o triple vidrio rellenas de gas inerte (especial cuidado durante la construcción)
- Ausencia de puentes térmicos, lo que implica un especial cuidado y supervisión de que durante la construcción no se interrumpa la capa de aislamiento, así como que las juntas queden correctamente
- Ventilación mecánica con recuperación del calor desprendido por personas y electrodomésticos
- Estanqueidad de la envolvente exterior

Este concepto de “casa con jersey” no solo es energéticamente eficiente, sino que también es asequible y confortable, y permite disponer de edificios duraderos y de alta calidad. En 25 años se han mejorado mucho los aislamientos, las ventanas y los cerramientos acristalados. Si está bien aislado, un edificio consume poca energía, y aislar no sale tan caro. 

La gran diferencia con la edificación convencional es la integración del diseño y de la construcción, la planificación, la coordinación y supervisión de todas las etapas.

Sin embargo en la práctica está poco difundido, ya que en todo el mundo hay del orden de 15.000 viviendas pasivas certificadas, de las que el 1% están en España. Los países con mayor penetración con Alemania, Suecia, Dinamarca, Bélgica. El concepto y las herramientas están disponibles en todas partes. La diferencia entre un país y otro es la voluntad de actuar en este campo. Cuando se generalice este tipo de edificación el mapa energético cambiará sensiblemente.

17 de octubre de 2016

Los edificios como centrales eléctricas

En artículos previos de este blog hemos visto cómo una buena parte del consumo de energía eléctrica tiene lugar en nuestros edificios, ya sean residenciales, terciarios o escolares. También hemos visto cómo hay un gran despilfarro energético en nuestros edificios, por carencias constructivas o por deficiencias en su estado de conservación.

Las Directivas sobre edificios (Directiva 2010 / 31) y sobre eficiencia energética (Directiva 2012  27) apuntan a la vivienda como uno de los sectores en los que hay que intervenir de forma decidida para cumplir con los objetivos de la estrategia Europa 2020.

En esta asunto, como en muchos otros, hay países que llevan años con las pilas puestas y países que aún están a la espera de tomar decisiones (aquí estamos nosotros). Se ha definido los que es un edificio de consumo energético casi cero (NZEB) como aquél que ha adoptado todas las medidas para reducir su consumo al mínimo y que cubre su demanda energética con energías renovables generadas in situ.

Esto apuntala el concepto de generación distribuida y marca el inicio de los edificios como  centrales generadoras de energía eléctrica. Pero la generación distribuida, unida a otros conceptos como los contadores inteligentes, las redes inteligentes, debe estar amparada por un escenario normativo propicio y coherente, y una de las muchas carencias de nuestra Unión Europea es la falta de una política energética común.

En este caldo de cultivo, la España sin gobierno, heredera de un Gobierno con una política energética muy desafortunada, es claramente uno de los países de la UE que tiene los deberes sin hacer en cuanto a eficiencia energética en el sector de la vivienda.

Existen distintas formas de generación distribuida que se pueden aplicar en entornos residenciales y de edificios: micro-eólica, micro-cogeneración, biomasa, pilas de combustible, pero la más conocida y difundida es la generación eléctrica mediante paneles solares fotovoltaicos (solar FV).


El Código Técnico de la Edificación (2006) exige en su documento base HE-4 la instalación de paneles solares FV en toda edificación de nueva obra para satisfacer una parte de la demanda de agua caliente y una parte de su demanda eléctricaSin embargo en España la energía solar FV como fuente de energía ha seguido un camino errático. Al amparo del Real Decreto 636 / 2007 florecieron los huertos solares por todo el país, atraídos por unas tarifas elevadas (que reflejaban los costes de generación solar FV de aquel momento). El Gobierno de turno falló estrepitosamente en cuanto a planificación y las altas tarifas se tuvieron que pagar a mucha más potencia solar FV “campestre” de la necesaria. Esto -junto con el lobby energético de las puertas giratorias- ha sido el desencadenante del desaguisado normativo eléctrico que ha experimentado España en los últimos años.


Así, dentro del mensaje oficial de que “las energías renovables son caras”, el fomento de la generación distribuida ha quedado estrangulado mediante Reales Decretos que inviabilizan soluciones como el balance neto mediante soluciones chuscas como el llamado “impuesto al sol”. Sin embargo, la generación distribuida mediante paneles solares fotovoltaicos instalados en tejados de edificios residenciales, terciarios o industriales es una de las vías imprescindibles para conseguir los objetivos fijados cara a 2020 y más allá.

Y frente al mantra del Gobierno de que no nos podemos permitir las energías renovables por ser “caras” hay muchos mensajes capaces de rebatir estas afirmaciones, en base a información transparente y contrastada.

La instalación de paneles solares en los techos de edificios ayuda a los barrios y a las ciudades a evitar el coste (creciente) de los combustibles fósiles, su contaminación atmosférica y sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).  

La reducción de costes de generación solar FV hace que en muchos países se haya alcanzado ya la denominada paridad de red, es decir, que al consumidor le cuesta lo mismo generarse su propia electricidad que comprarla a una empresa eléctrica. Como la energía solar FV se genera de día (cuando hay sol, aproximadamente entre las 09.00 y las 16.00 h) y en consumo en los hogares tiene su punta al atardecer (entre las 19.00 y las 21.00 h), existe un desfase entre punta de generación y punta de demanda. Este desfase se puede corregir por dos vías:

- una vía técnica, la acumulación de la energía, mediante instalaciones de baterías
- una vía administrativa, mediante el balance neto  (pago al propietario de los paneles solares FV por la energía excedente suministrada a  otro consumidor en las inmediaciones)  

La primera de las vías lleva tiempo en desarrollo, y se podría ver impulsada con el avance del vehículo eléctrico. La segunda vía lleva años bloqueada en España debido a intereses espurios del lobby eléctrico, que es quien sale perdiendo con el avance de la generación distribuida.

Existen múltiples casos en las que la energía solar FV aporta valor real, lo que debiera ser tenido en cuenta por los entes independientes, por la clase dirigente del país y por las compañías eléctricas, cada vez menos ancladas en su concepto centralizado de hace 100 años. El resumen de las muchas ventajas de la mayor integración de la energía solar FV en la red eléctrica se indica a continuación:

- la generación de energía eléctrica a partir del sol supone una fuente de energía que prácticamente no produce emisiones de GEI
- la generación distribuida descentraliza la red eléctrica, protegiendo así a los consumidores de una zona de los problemas surgidos en otras zonas, como apagones eléctricos.
- la generación renovable evita otras inversiones para cumplir con los requisitos llegar a un 20% de energías renovables
- el precio de la electricidad solar FV tiende a ser estable a lo largo del tiempo, a diferencia de las fuertes oscilaciones del precio de los combustibles fósiles
- al generarse la electricidad solar FV cerca del punto de consumo se reducen las pérdidas de transporte y distribución en la red eléctrica
- al generarse la electricidad solar FV durante las horas diurnas, cuando la demanda eléctrica total es mayor, se evita a capacidad de potencia (centrales para producir solo en horas punta)
- el despegue del sector solar FV aplicada a edificios permitirá crear nuevas empresas y puestos de trabajo, a un ritmo mucho más alto que la media del país.

En resumen, no hay una solución única aplicable a todas las ciudades en relación con la generación eléctrica distribuida. Lo que sí está probado es que el uso de los paneles solares instalados en techos de edificios (residenciales, terciarios) suministra una energía eléctrica distribuida y no contaminante, que aporta beneficios a la sociedad, a la economía, al medio ambiente y a la red eléctrica. 

26 de junio de 2016

La economía circular aplicada a la edificación

La actividad del ser humano basada en la explotación y el uso intensivo de los recursos naturales es la causa de diversos impactos ambientales, como la contaminación de aguas, suelos y aire, el efecto invernadero y la generación de residuos.

El sector de la edificación es causante del orden del 40% del consumo de materias primas, del consumo de agua, de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y de los residuos generados. Debido a esta gran repercusión los gobiernos han publicado una serie de marcos normativos, de planes directores y de incentivos.

El concepto de economía circular tiene todo el sentido en el caso de productos de consumo de vida corta, pero no hay grandes referencias sobre la aplicación de estos criterios al caso de algo más complejo y duradero como un edificio.

La edificación  funciona claramente según un modelo de economía lineal. Los edificios son diseñados para una vida de, por ejemplo, 60 años, y en ocasiones pueden ser demolidos antes de este plazo, debido a intereses urbanísticos. En todo caso al derribarlo se genera un importante volumen de residuos de construcción y demolición (RCD) del que tan solo se recupera una parte. Por ejemplo, una viga de madera es triturada o empleada como combustible, el hormigón estructural se convierte en material no estructural e incluso materiales modulares como los ladrillos son machacados en vez de ser reaprovechados. Y el nuevo edificio construido en el mismo solar consume una buena cantidad de materias primas y materiales de construcción nuevos.

Este modelo lineal supone claramente un derroche absurdo y una falta de visión de futuro. El sector de la edificación tiene un elevado potencial de mejora dada su escasa innovación ambiental. Los análisis de ciclo de vida y los criterios cradle-to-cradle del arquitecto William McDonough, junto con la capacidad de innovación de muchos arquitectos inconformistas, nos deben ayudar a repensar cómo diseñar los edificios y tienen muchas ideas que aportar.  

En los últimos años, dentro del concepto de edificación sostenible, se está incidiendo en ecodiseño, en la selección de materiales y técnicas constructivas sostenibles, pero en general dentro del modelo de economía lineal. Resulta evidente que debe haber oportunidades para romper este círculo vicioso y poder ahorrar tiempo y dinero.

No obstante, la aplicación de los criterios de la economía circular a la edificación no es tan simple y directa como podría parecer. Los edificios son objetos mucho más complejos que la mayoría de los bienes de consumo y están formados por miles de componentes. Por lo tanto es preciso un planteamiento singular.

Recientemente se ha publicado un libro, escrito por David Cheshire y publicado por el Royal Institute of British Architects (RIBA), titulado Building revolutions (un juego de palabras que significa tanto revoluciones en los edificios como construyendo revoluciones). En esta obra se establecen algunos de los principios de la economía circular aplicados expresamente a la edificación, que se resumen en el siguiente gráfico:


Los tres círculos más pequeños se refieren a los edificios y muestran que la opción más eficiente es preservar los edificios existentes (retain), seguida de reparar (refit) y de rehabilitar más a fondo (refurbish).

Los tres círculos más grandes se refieren a los materiales de construcción, siendo lo prioritario el diseño de componentes que puedan ser recuperados / reutilizados, refabricados o reciclados / compostados, siendo su vertido la última opción.

Finalmente, los cinco segmentos muestran cinco principios del diseño de edificios asociados al concepto de economía circular:

- selección cuidadosa de materiales (ecodiseño)
- tener en cuenta la posibilidad de desmontaje para permitir la deconstrucción del edificio y la recuperación de componentes y materiales intactos durante su renovación o demolición
- tener en cuenta la adaptabilidad (edificios temporales, otros usos)
- evitar la generación de residuos, teniendo en cuenta todo el ciclo de vida del edificio (ecodeseño)
- construir en capas 

Uno de los principios clave que se plantea es el diseño para construir en capas. Este diseño considera que cada uno de los componentes principales del edifico (estructura, envolvente, servicios, distribución y decoración) es algo separado e independiente. Así, la estructura es el componente de mayor duración y es independiente de la envolvente (las fachadas y el tejado). Las redes de servicios constituyen una capa accesible, que se puede sustituir cuando sea necesario. La distribución (los huecos) y los accesorios y objetos decorativos son elementos de ciclo de vida corto, que se pueden cambiar a menudo.

La solución arquitectónica para los elementos de ciclo de vida corto es relativamente sencilla. Basta con emplear sistemas modulares o incluso alquilar al suministrador (en vez de comprar) los elementos constructivos, de forma que puedan ser sustituidos y devueltos para su refabricación o reutilización.

Lo más peliagudo es el criterio para los elementos de ciclo de vida más largo, como la estructura. Una posibilidad es diseñar estructuras robustas y adaptables. Otra posibilidad es admitir un ciclo de vida más corto para el edificio y diseñar su estructura teniendo en cuenta su desmontaje y reutilización.

El análisis está sujeto a diversos matices en cada caso y puede llevar a ideas muy interesantes que podrían hacer que los edificios y sus componentes puedan tener varias vidas e incluso pasar a ser un activo independiente de su emplazamiento, capaz de ser trasladado y adaptado según las necesidades cambiantes o las demandas del mercado.

Algunos ejemplos de referencia son edificios desmontables modulares, sin cimentaciones, edificios completamente desmontables capaces de sufrir varias metamorfosis  o reencarnaciones desmontando y reconstruyendo sus elementos constructivos, o un innovador parque empresarial con edificios adaptables y deconstruibles.

Queda un largo recorrido por recorrer para circularizar el sector de la edificación, pero el camino está marcado. No se trata de edificar menos, sino de edificar mejor, con una visión global y con la mirada puesta en el futuro. Se trata, en definitiva, de que los edificios no sean meros bienes de consumo, y de que también la edificación deje un legado positivo a las generaciones futuras.

5 de junio de 2016

Planes municipales: mucho más calado que solo el urbanismo

En distintas entradas de este blog se ha mencionado la importancia de las ciudades en la actividad económica, en el consumo energético y en las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel planetario. También se ha visto que la mayor parte de los consumos de energía se dan en los sectores de la industria, el transporte y los edificios.

En general la legislación de la UE ha ido forzando a la industria europea a hacer sus deberes en cuanto a eficiencia energética y medioambiental. Y los clientes y competidores les han forzado a hacer sus deberes en cuanto a economía y responsabilidad social.

En una ciudad el balance de energía final (del orden del 75% térmica y el 25% eléctrica) se reparte en un 50% en los edificios y un 40% en transporte. En el sector transporte la solución debe pasar por alternativas al transporte motorizado (potenciando el vehículo eléctrico en las ciudades y el transporte de mercancías por ferrocarril eléctrico). Y es en el sector de los edificios donde hay más tareas pendientes, debido a la gran dispersión de agentes y de competencias.

En las administraciones locales, con competencias en edificación y en vivienda, los temas de energía en los ayuntamientos han sido tradicionalmente despachados en la Concejalía de Urbanismo, pero en general ni el arquitecto, ni el aparejador ni siquiera el ingeniero municipal han tenido que afrontar planificaciones que no sean urbanísticas.

La realidad es que en el diseño, la construcción y el mantenimiento de los diversos equipamientos municipales no se han tenido en cuenta las consideraciones energéticas (ahorro y eficiencia). Muchas infraestructuras -construidas en los años de las vacas gordas- están sobredimensionadas, teniendo en cuenta unas previsiones irreales de desarrollo económico y urbanístico.

Hasta hace unos años existía el concepto de costes energéticos, pero eran algo perfectamente asumible. Sin embargo, la llegada de la crisis de 2008 ha supuesto un cambio también en este asunto, debido a los recortes en los presupuestos municipales (caída de ingresos), a la cada vez mayor dotación de infraestructuras, a los costes energéticos crecientes y, sobre todo, a la carencia de una cultura energética en las entidades locales.

El informe Ciudades con futuro, publicado en 2014 por la Fundación Renovables se plantea el objetivo de cero emisiones de GEI en las ciudades en 2015, lo que supone una reducción a la mitad de la demanda energética, con criterios de eficiencia energética. Este informe parte de la consideración de que la energía debe ser un derecho y un bien de utilidad pública (un servicio básico universal), y no la base para un gran negocio de unas pocas empresas.

Un ayuntamiento del siglo XXI debiera tener sus planes elaborados y en vigor, con propuestas coherentes y con objetivos cuantificables y no solo planes urbanísticos sino también planificaciones energéticas y de sostenibilidad, con objetivos de reducción de consumos energéticos y de las emisiones de GEI asociadas.

Para ello, en los últimos años, se está asumiendo también en los ayuntamientos el concepto de gestión energética con el fin de racionalizar el gasto energético municipal y de avanzar hacia la consecución de los objetivos, a través de:

Un inventario actualizado de todos los consumos energéticos
Una auditoría energética de los equipamientos municipales (alumbrado público, equipamientos municipales: casa consistorial, escuelas, residencia de mayores, biblioteca, polideportivo)
Una renegociación de los contratos de suministro con las compañías suministradoras de electricidad y gas
Un sistema de mantenimiento integral de los elementos consumidores eléctricos (incluyendo saneamiento, depuración de aguas, riego...)
La puesta en marcha de diversas medidas de ahorro y eficiencia energética (nuevos equipos y nuevos hábitos)
 La comunicación, difusión y sensibilización a la ciudadanía

Algunos municipios han suscrito adicionalmente el Pacto de alcaldes, de adhesión voluntaria, que compromete a los firmantes a unos objetivos más ambiciosos que los generales de la Estrategia Europa 2020. En línea con este carácter ejemplarizante de la administración se han abordado diversos planes de acción para la energía sostenible (PAES), planes de movilidad urbana sostenible (PMUS) o estrategias de desarrollo urbano integral sostenible (EDUSI).

Pero la realidad es que a todos estos estudios, planes y estrategias les falta visión global y están, en el mejor de los casos, a medio hacer, sin mucha convicción, si hay subvenciones...

Mirando a nuestro alrededor, podemos ver que las ciudades más avanzadas en cuanto a la transición energética, aparte de tener hechos estos deberes desde hace años, han dado pasos adicionales, avanzando decididamente hacia la verdadera transición energética. Algunas de las claves son el compromiso a largo plazo de todas las fuerzas políticas municipales, la fijación de objetivos ambiciosos y el diálogo entre agentes sobre la organización económica y social de las ciudades, suscitando la participación ciudadana.

Por suerte son las administraciones locales más cercanas a los ciudadanos, los ayuntamientos quienes tienen las competencias en cuanto a circulación de vehículos y en cuanto a viviendas. Una reflexión sobre nuestro entramado administrativo podría decidir devolver competencias al nivel local para poder dedicar el espacio urbano a su uso por parte de los ciudadanos, fomentar inversiones en rehabilitación energética de edificios y edificios de consumo energético casi cero y democratizar el sistema energético (gestión pública de las redes de electricidad y gas). Así estaríamos en el camino correcto hacia los objetivos de la UE. ¿Posibilidad o ciencia ficción?

20 de marzo de 2016

Cambios en el modelo eléctrico (III): la generación distribuida

Hasta hace unas décadas la mayoría de la energía eléctrica consumida era generada de forma centralizada en grandes centrales eléctricas y luego era transportada y distribuida mediante grandes infraestructuras (líneas eléctricas y subestaciones) hasta los puntos de consumo. Al ser negocios muy intensivos en capital existe una vinculación histórica ente la banca y las compañías eléctricas.

Este modelo convencional, centralizado y basado en los combustibles fósiles (carbón y petróleo) y nucleares, está totalmente condicionado por la necesidad de ajustar la oferta a la demanda eléctrica, con la generación alejada del consumo y los consumidores como agentes pasivos.

Esto fue así hasta las crisis del petróleo de los años 70 del siglo XX. Si toda crisis supone cambios, esta gran crisis del petróleo fue el detonante de grandes cambios en el mundo de la energía, que acabaron por desplazar al petróleo y sus derivados del sector de la generación eléctrica. Pero ha habido muchos más cambios.

En 1976 Amory Lovins, un joven físico estadounidense publicó un artículo titulado Energy strategy: the road not taken?. En contra del discurso oficial de todos los expertos, de seguir en la vía de los combustibles fósiles y nucleares, el visionario Lovins proponía una vía alternativa, basada en las energías renovables y en la eficiencia energética. En el artículo se indicaba claramente que ambas vías, la vía dura, que miraba al pasado y la vía blanda, que miraba al futuro, tenían sus dificultades, pero que los problemas de cada alternativa eran muy distintos. Y además se resaltaba que ambas vías eran mutuamente excluyentes, puesto que cada una exigía infraestructuras, inversiones, agentes y actitudes que impiden la otra, por lo que era preciso tomar una decisión. Evidentemente, la respuesta del lobby energético (petrolero) estadounidense fue fulminante, desacreditando estos planteamientos y calificando a Lovins de iluminado irresponsable, capaz de conducir al país a constantes apagones.

Era necesario un compromiso para desarrollar fuentes de energía renovables, con la calidad y la escala necesarias para un uso final de la energía eléctrica. Afortunadamente en Europa, inicialmente de la mano de los Verdes alemanes -inspirados en la visión de Amory Lovins- se empezó a fomentar a las distintas tecnologías de generación eléctrica a partir de fuentes renovables, ya sean basadas en el aprovechamiento de los flujos de la biosfera (eólica, solar) o de la litosfera (geotermia). De esta forma se redefinieron las relaciones entre los poderes públicos, los tecnólogos y la sociedad civil. La voluntad política alemana, donde todo al arco parlamentario ha apoyado a largo plazo y sin fisuras a las energías renovables y a los proyectos energéticos ciudadanos y cooperativos, ha creado un marco que permite que los ciudadanos accedan al sistema eléctrico. Este impulso ha permitido contar con empresas europeas (y también españolas) erigidas en líderes mundiales en energías renovables.

A diferencia de otros países (Alemania, Dinamarca) la ciudadanía española no ha participado -salvo contadas excepciones- en la propiedad de las instalaciones de generación eléctrica renovables. Una de las excepciones han sido los huertos solares, una experiencia desastrosa y un ejemplo de cómo no hay que hacer las cosas (mala planificación, decisiones con efecto retroactivo, etc).

Así que, durante muchos años, el suministro de energía eléctrica a los más de 14 millones de hogares españoles ha sido una balsa de aceite, en la cual los sumisos abonados han recibido pasivamente el suministro procedente del mix eléctrico controlado por los aprendices de brujo, y sujeto a los vaivenes del mercado eléctrico. Y por supuesto, con los sumisos abonados pagando religiosamente su factura.

Pero esto va a cambiar, va a cambiar en breve y va a cambiar mucho. En energía está casi todo hecho, salvo en el sector terciario. Y es en los edificios donde es preciso actuar con convicción. A pesar de los palos en la rueda de los Gobiernos, movidos por la patronal eléctrica, cada vez más ciudadanos, conscientes de su poder de decisión como consumidores, se plantean instalar paneles solares FV (u otro tipo de generación eléctrica local) y convertirse en productores / consumidores de energía eléctrica. Al acercarse la generación eléctrica al consumo el sistema eléctrico se descentraliza. El suministro eléctrico va a pasar, de ser un mercado controlado por las 5 grandes empresas eléctricas de UNESA a estar gestionado por 50.000 generadores / consumidores.

Otros motivos de preocupación para las grandes empresas eléctricas son:

- la mayor conciencia ciudadana sobre el ahorro y la eficiencia energética y el uso de medidores de consumos eléctricos, que permiten a los consumidores descubrir dónde se gasta electricidad de forma superflua; los años de crecimiento anual del consumo eléctrico del 5% no volverán 
- los avances en el desarrollo de baterías eléctricas domésticas, capaces de almacenar la energía suficiente para el consumo eléctrico de toda la vivienda
- la normativa comunitaria sobre eficiencia energética en edificios y el concepto de edificio de consumo energético casi nulo (NZEB)

En este escenario de cambios, y dentro de la amenaza del cambio climático, toca elegir entre dos posibles enfoques: o buscar el interés económico de las empresas (los aprendices de brujo, la mirada al pasado) o buscar el interés social de los ciudadanos (la mirada al futuro). Alemania y su transición energética constituyen un espejo donde mirarse para abordar retos energéticos. Y recientemente el presidente alemán Joachim Gauck ha concedido a un veterano visionario, Amory Lovins, el galardón de la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito (Bundesverdienstkreuz, erste Klasse) por su visión y su liderazgo intelectual en la conceptualización de la transición energética. Los poderes públicos, al legislar, deben tomar partido. Hasta ahora en España se ha legislado descaradamente a favor del oligopolio. En esta España sin gobierno ¿se atreverán los poderes públicos -cuando los haya- a seguir haciéndolo en el futuro?

15 de enero de 2016

Ecobarrios: laboratorios de sostenibilidad urbana

En las últimas décadas han surgido, en los países europeos donde el concepto de sostenibilidad está más arraigado, bastantes iniciativas que han pretendido demostrar los beneficios de todo tipo de un ¿nuevo? estilo de edificación, urbanismo y vida social, en contacto directo con el entorno. Son los barrios ecológicos o ecobarrios. 

En teoría los ecobarrios resuelven todos los retos del las ciudades del futuro y para probar en la realidad estas ideas la escala más adecuada es el barrio. A partir de una cierta densidad, los barrios hacen posible desarrollar sinergias entre las viviendas, los puestos de trabajo, el comercio local y las actividades de ocio, que de alguna forma pueden contribuir a reducir la demanda de transporte. Así, en muchas ciudades europeas se han iniciado asombrosos -casi utópicos- proyectos de regeneración urbana.

Los ejemplos que vamos a mencionar constituyen referencias clásicas de barrios ecológicos exitosos, y se diferencian de las muchas urbanizaciones que todos tenemos en mente por sus viviendas rodeadas de zonas verdes, por ser autosuficientes en recursos, por tener huertos y jardines comunitarios y por ser auténticos laboratorios de integración social y ambiental. Son una muestra de los esfuerzos de la vieja Europa - a quien se califica con frecuencia como pasada de moda- por afrontar su futuro urbano con algo de diligencia. Estas referencias han podido demostrar que las bases teórica del diseño de las ciudades (la zonificación de los diseños urbanos de los últimos 40 años) pueden ser reversibles.

En Copenhague existe desde 1971 la ciudad libre de Christiania (fuera de la UE), inicialmente una comuna hippy / provo con libre tráfico de marihuana, surgida en los terrenos de unos antiguos barracones militares. Desde entonces hasta ahora Christiania ha evolucionado y ha demostrado ser un “experimento social” autogestionado en un asentamiento libertario y alternativo más o menos tolerado.

En la California hippy de los años 60 surgió la comunidad Village Homes, planificada en la ciudad de Davis por los arquitectos Mike y Judy Corbett. La urbanización tiene las calles en orientación Este – Oeste y las viviendas en orientación Norte – Sur. Su diseño permitió a sus habitantes desarrollar su sentido de comunidad y de ahorro y eficiencia energética. Cuenta con un centro cívico y con equipamientos y huertos comunitarios. 

El asentamiento del barrio de Vauban en la ciudad verde de Friburgo (Baden Würtemberg, Alemania) también fue originalmente unas antiguas instalaciones militares francesas, abandonadas en 1992. Tras ser okupado hubo un acuerdo para la rehabilitación y transformación de los viejos cuarteles en un nuevo barrio de viviendas con más de 2.000 residentes. La alimentación eléctrica a los edificios es mediante paneles y colectores solares y la calefacción se obtiene mediante una red de district heating alimentada con biomasa forestal. La movilidad por el barrio se basa en bicicletas y la conexión con el centro de la ciudad es a través de una línea de tranvía.


De la misma época es el ecobarrio de Lanxmeer, en Culemborg (Holanda), un desarrollo de 240 viviendas en un entorno urbano, diseñado (1994) por Marleen Kaptein y promovido entre el ayuntamiento de Culemborg, la Fundación EVA y los futuros habitantes construido entre 1994 y 2009 es una referencia internacional por la participación de los vecinos.

Al sur de Londres, en Beddington (borough de Sutton) se ha terminado el ecobarrio BedZED (Beddington Zero Energy Development), una promoción urbanística neutra en CO2 desarrollada desde 2002 por al arquitecto Bill Dunster, con la ayuda de la Fundación Peabody. Se han construido 100 apartamentos, una guardería infantil y espacio para oficinas. El tráfico se prioriza hacia el uso de la bicicleta con un punto de aparcamiento de vehículos compartidos entre los residentes. 

Estocolmo cuenta con el proyecto Hammarby Sjöstad, que consiste en la recuperación de una zona industrial portuaria con suelos contaminados para construir un nuevo barrio residencial junto al lago y el canal, conservando algunos de los viejos edificios industriales de arquitectura funcionalista, rehabilitados como biblioteca y edificio de oficinas. 

Estos son solo una muestra de los muchos proyectos "especiales" de regeneración urbana que han tenido éxito, habiendo transformado terrenos urbanos en desuso en zonas residenciales con viviendas protegidas, zonas verdes, equipamientos comunitarios. Los ecobarrios son unas innovadoras actuaciones integrales que combinan aspectos urbanísticos, energéticos, medioambientales y sociales. Sus ingredientes son los siguientes:

- Unos terrenos degradados y/o abandonados, que suelen estar junto a un cauce de agua (lago / río)
- Una demanda de vivienda
- Un arquitecto visionario, normalmente respaldado por una Fundación, capaz de idear y definir un Masterplan que organiza el nuevo barrio sobre esos terrenos ya urbanizados
- Un ayuntamiento también visionario (proactivo o al menos reactivo ante okupas), capaz de llevar a cabo la transformación de viejas instalaciones en desuso en nuevos espacios residenciales. En muchos casos dentro de planes urbanísticos relacionados por propuestas para grandes eventos internacionales (exposiciones internacionales, juegos olímpicos...)
- Y, sobre todo, un grupo de ciudadanos -los futuros residentes- con diversidad social y generacional, interesados y concienciados, capaces de trabajar de forma colaborativa en el proyecto hasta conseguir vivir en el barrio de sus sueños

Repasando la "memoria de calidades" de un ecobarrio del siglo XXI, las principales características de su oferta residencial son: 

- Mejora en la calidad de vida de sus habitantes
- Edificios (residenciales y de oficinas) de bajo consumo energético, que incluyen comercio y actividades socio-culturales. Suelen contar con algún edificio para actividades comunitarias (de alquiler)
- Viales peatonales y de bicicletas, sin coches, zonas verdes, huertos comunales, amplias zonas de juegos para niños 
- Bien conectados a una red de transporte público de alta calidad (tranvía), con club de coches de uso compartido para los residentes
- Autosostenibles en cuanto a consumo de agua y energía, recogida neumática y reciclaje de residuos (biogás), instalaciones comunitarias de cogeneración con astillas (biomasa)
- Combinación de viviendas con arquitectura ecológica, transporte soft y actividad económica en el barrio

Igual que en muchos otros temas, España -el país con más actividad edificatoria en el siglo XXI- está retrasada en esto. Destaca el fiasco en Puente de Vallecas, promoción de la EMVS de Madrid anunciada en 2007, que contó con una buena inyección fondos públicos del Plan E del gobierno de Rodríguez Zapatero. Tras unos años de obras se ha acabado la urbanización de los terrenos y se han construido una central de district heating y un sistema de recogida neumática de residuos. Tras haber gastado 20 M€ públicos el proyecto quedó parado y ahora se está a la espera del promotores privados para construir las viviendas cuyos habitantes consuman esta energía y generen estos residuos.

Un buen ejemplo de cómo copiar mal, de cómo se empieza la casa por el tejado o -en este caso- el barrio por lo accesorio. La solución a la calefacción de los edificios está en el corazón de la ciudad del futuro, pero no se plantear la misma solución en Madrid y en Estocolmo. Repasando los ingredientes de los ecobarrios exitosos se puede ver que en España faltan los dos últimos, que no quiere decir que sean los dos menos importantes.

La clave del éxito social de un barrio son sus habitantes. En nuestras sociedades urbanas, caracterizadas por la movilidad y el individualismo, es importante recuperar el significado más profundo del término barrio: vida en común, vecindad, cercanía, solidaridad, identidad, orgullo... La recientemente fallecida arquitecta francesa Françoise-Hélène Jourda se lamentaba de que con frecuencia los objetos arquitectónicos no son más que objetos. Y en esto fallan nuestros políticos una vez sí y otra también.

7 de diciembre de 2015

La arquitectura solar (2): una cultura felizmente en recuperación

Una vez consolidados los combustibles fósiles (sobre todo carbón) para satisfacer las demandas de calefacción en las viviendas, algunas huelgas mineras y el consiguiente desabastecimiento hicieron crecer la conciencia de buscar energías alternativas. Así, en los años 30 del siglo XX se retomó en Europa y en Estados Unidos el interés por la arquitectura solar, y curiosamente los investigadores norteamericanos, buscando un equilibrio entre la aportación solar, el nivel de aislamiento térmico y la inercia térmica del edificio,  llegaron a inventar las mismas cosas que los griegos, los romanos y otros pueblos ya habían descubierto muchos siglos antes.

En este sentido es de destacar el trabajo de la científica Maria Telkes, húngara de nacimiento y emigrada a los EEUU y pionera el la aplicación de la energía solar a la edificación, en proyectos tales como la casa Dover (1948), junto con la arquitecta Eleanor Raymond y la mecenas Amelia Peabody.

Desde entonces ha habido dos corrientes de opinión, la de los países que creían que los combustibles fósiles iban a ser inagotables y la de los países conscientes de buscar alternativas solares (Israel, Japón, Australia), baratas e inagotables.

En el último cuarto del siglo XX, ya con la conciencia del agotamiento de los combustibles fósiles y del calentamiento global surge en Alemania el concepto de casa pasiva (Passivhaus), de la mano del profesor alemán Wolfgang Feist y el profesor sueco Bo Adamson. El concepto de casa pasiva lleva al extremo la eficiencia energética, atendiendo a la orientación, a la envolvente del edificio y aprovechando al máximo la energía solar. De esta forma la demanda energética para la climatización de la vivienda es realmente baja (del orden de 15 kWh/m2.a), conservando una elevada calidad del aire interior.
Las casas pasivas se caracterizan por unos principios básicos de diseño y construcción:

- Modelización energética
- Aislamiento térmico de mayores espesores
- Supresión de puentes térmicos en la envolvente
- Control de las infiltraciones de aire no deseadas
- Calefacción mediante ventilación mecánica con recuperación de calor
- Carpintería (puertas y ventanas) de altas prestaciones en la envolvente
- Aprovechamiento del calor desprendido por personas, electrodomésticos o luminarias

Y mientras en Europa se propugnan las casas pasivas, al otro lado del Atlántico destaca el visionario Edward Mazria, autor del libro de la energía solar pasiva (1979) y promotor de la iniciativa Architecture 2030.

Una edificación adecuadamente orientada en cuanto a soleamiento y adecuadamente dotada de aislamiento térmico puede permitir ahorros energéticos del orden del 30%, sin suponer una merma de las condiciones de confort para los usuarios del edificio, pero parece que esto no interesa a algunos / todos.

Como resumen, a lo largo de los siglos, la escasez de combustible ha dado pie en muchas ocasiones a la búsqueda de alternativas energéticas, fomentando los avances en la tecnología y en la arquitectura solar. Pero cada vez que se descubría un nuevo combustible abundante y barato, la tecnología solar era considerada antieconómica y quedaba relegada y marginada del predicamento oficial. La arquitectura solar pasiva ha sido redescubierta y olvidada en múltiples ocasiones.

En España solamente se fomentan medidas activas, es decir, instalaciones de generación distribuida a base de energía solar fotovoltaica, tal como se propugna en el Código Técnico de la Edificación de 2006. Pero, además de las trabas al autoconsumo eléctrico, no hay ningún interés normativo en fomentar medidas pasivas, en las que la orientación y el diseño del edificio reducen notablemente el consumo de energía.

La arquitectura solar no está reñida con ningún estilo arquitectónico y es perfectamente aplicable en entornos urbanos. Desde el punto de vista técnico existen diversas soluciones sencillas y fiables, de eficacia contrastada. Solo falta su generalización cultural, olvidando la desacertada connotación de la arquitectura solar solamente aplicada en entornos rurales o alternativos (hippies).

29 de noviembre de 2015

La arquitectura solar (1): una cultura tristemente perdida

Durante el siglo XX ha habido un notable avance en cuanto a descubrimientos científicos y a desarrollo tecnológico. Y en paralelo con estos avances se ha ido asentando en los profesionales de la ingeniería y la arquitectura -y en buena parte de la ciudadanía- una fe ciega en la ciencia y la tecnología. Nos hemos llegado a creer que las fuentes de energía eran ilimitadas y nos hemos creído capaces de crear en nuestras ciudades y edificios un entorno artificial, lo que nos ha terminado por desvincular del medio natural.

La forma en que se construye desde hace décadas no es más que un reflejo de esta forma de pensar. Hemos considerado que es posible construir viviendas y ciudades de forma independiente a las condiciones climáticas que nos rodean. La iluminación la resolvemos mediante luz artificial y la climatización la resolvemos mediante calefacción y aire acondicionado. Es habitual -y a nadie le sorprende- que se construyan urbanizaciones de viviendas orientadas al Norte y en las que el edificio vecino impide cualquier entrada de la radiación solar.

Además la actividad edificadora se ha industrializado y se edifican bloques de viviendas que se comercializan una vez construidos. El usuario de las viviendas no participa en su diseño y construcción, de forma que se ha perdido una cultura popular sobre viviendas y energía solar, unos conocimientos que se transmitían de generación en generación.

Sin embargo la integración de la energía solar en edificios no es algo reciente, sino que desde hace mucho tiempo en el diseño de edificios se tiene en cuanta cómo captar la radiación solar. Ya el hombre primitivo descubrió que las pieles de los animales cazados le podían ayudar a protegerse contra el frío, que ponerse al sol le suponía aumentar su bienestar y que las cuevas eran un buen lugar donde refugiarse debido a su temperatura constante.

Desde la cultura griega (25 siglos) las viviendas e incluso las ciudades se planificaban según unos conceptos muy claros: las casas con las fachadas principales (donde están los principales huecos de fachada) orientadas al sur, evitando la orientación norte (vientos fríos).

En el siglo I aC el arquitecto e ingeniero romano Marco Vitruvio, autor del tratado sobre arquitectura más antiguo que se conserva, llegó a definir en qué lugar de la casa debiera ubicarse cada habitación. El vidrio plano y transparente permitía el paso de la luz natural y  a la vez guardar el calor acumulado en el interior. Además, el derecho a que la casa del vecino no se interponga entre la casa propia y el sol quedó incorporado en la legislación romana.

Observando nuestras edificaciones rurales se puede apreciar su orientación Sur, sus fachadas al Norte con escasos huecos y sus muros con elevada inercia térmica.

En su obra “Un hilo dorado” (1985) los autores John Perlin y Ken Butti hacen un recorrido histórico de la arquitectura solar, desde la época de los griegos y los romanos hasta la actualidad. En este trabajo se resalta cómo periódicamente se ha interrumpido la evolución técnica de la arquitectura solar, debido a motivos religiosos y culturales y, sobre todo, a intereses económicos. 

Pronto se descubrió que el vidrio actúa como captador de energía solar y se desarrollaron espejos curvados para concentrar la energía solar sobre determinados objetos. Todos estos conocimientos sobre energía solar, vidrios y espejos curvos se perdieron durante los siglos oscuros (siglos VII a XII, en los que el poder de la Iglesia católica prohibía cualquier experimento humano en temas divinos), siendo recuperados tras la Reforma protestante en la época de Galileo. En el siglo XVI se recuperaron los invernaderos hortofrutícolas y en la Inglaterra del siglo XVIII las estufas e invernaderos solares fueron desplazadas por las estufas de combustible (carbón o gas).

Las distintas máquinas térmicas alimentadas con carbón o madera durante la revolución industrial y, sobre todo, la cultura del combustible para alimentar a las máquinas, desplazaron -con algunas excepciones- durante los siglos XIX y XX a las tecnologías y máquinas solares descubiertas y desarrolladas hace siglos.

En efecto, analizando la perspectiva histórica, en los momentos de mayor auge de la arquitectura solar se han aplicado políticas que han truncado su desarrollo. La cultura del consumo de combustibles y los intereses económicos de las compañías carboneras, luego petroleras y más tarde gasistas impidieron el encaje de la tecnología solar (y de otras tecnologías renovables basadas en el sol, como la eólica o la biomasa) en el tejido industrial capitalista contemporáneo.

Uno de los motivos de esta discontinuidad en la arquitectura solar es nuestro modelo económico occidental, el cual tan solo permite que se acaben imponiendo aquellas tecnologías que suponen alguna ventaja para las estructuras económicas dominantes, en este caso concreto para los intereses de los lobbies energéticos y constructores.